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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Maxillaria rufescens (Multiplicación por división)

Las Maxillarias son un género  establecido en 1794 y bien conocido por la facilidad de cultivo de sus muchas especies, entre 600 y 700, aunque varios estudios recientes proponen la división en nuevos géneros basándose en características comunes de algunas de las especies. La mayoría son epífitas, aunque también hay litófitas y algunas de hábitos terrestres y sus bulbos pueden ser unifoliados, bifoliados e incluso trifoliados y con tamaños desde plantas muy pequeñas a otras de gran tamaño y con flores generalmente pequeñas pero en ocasiones muy vistosas. La mayoría de las que se encuentran a la venta son apropiadas para el cultivo en invernaderos templados o calientes y con alta humedad.
La Maxillaria rufescens Lindl. 1835 fue descubierta en la Isla de Trinidad y es posible encontrarla en numerosos países de la zona: Colombia, Brasil, Venezuela, Guatemala, Bolivia o Ecuador, por ejemplo. Es una epifita de bulbos unifoliados que crece en bosques húmedos hasta los 2.000 metros y gusta de una sombra ligera. Sus flores solitarias pueden ser de tonos amarillos, castaños, naranjas, rojizos e incluso blancos con un labelo generalmente con manchas rojizas y puede florecer en cualquier momento del año, ya que sólo necesita un ligero descanso en invierno. Puedes encontrarla a la venta con varios pseudónimos: Maxillaria fuscata, M. rugosa, M. articulata, M. vanillodora, M. abelei, M. acutifolia, Camaridium rugosum o Mormolyca rufescens. (Ref. Wikipedia, R. Bellone, orchidspecies.com).



En la secuencia de fotos inferior puede verse el botón floral del tamaño de una cerilla y la apertura de la pequeña flor estrellada que en mi planta son de tonos castaños con labelo amarillo y manchas granates. Tienen un corto pero fuerte peciolo y surgen de la base de los bulbos, casi a ras del sustrato. Estuvo en flor durante los meses de enero y febrero.


Compré la planta, en tiesto de barro (foto inferior) y sustrato de cortezas a Bourguignon (España) en julio de 2010 y floreció a finales del invierno del año siguiente por primera vez. Está situada en un lugar del orquideario con sombra ligera proporcionada por helechos colgantes y otras plantas de mayor tamaño, entre ellas algunas Maxillarias, sobre un lecho de bolas de arlita húmedas y la riego abundantemente durante todo el año, excepto en el período de noviembre a enero. La fertilización debe ser moderada pero constante y conviene mantener una humedad en torno al 70% y pulverizarla o ducharla en los meses de verano. Le gusta el calor y en invierno es conveniente que no baje durante períodos largos de los 15 grados. Puedes montarla en placas de corcho con algo de musgo, teniendo cuidado de que las raíces no se sequen y manteniendo una buena ventilación sobre todo en otoño e invierno en que la humedad del orquideario llega al 100% con frecuencia. En maceta de barro también se siente a gusto pues el barro poroso permite un intercambio de humedad con el calor y permite respirar mejor a las raíces.

Este año, la he trasplantado para cambiar el sustrato que ya estaba muy degradado y empezaba a apelmazarse y he aprovechado para dividir la planta en dos (fotografía superior) y replantar la porción mayor con 5 pseudobulbos en el mismo tiesto y la pequeña con 3 pseudobulbos en una maceta de plástico transparente en esta ocasión, para ver la evolución en este material (fotografías inferiores). El sustrato a base de cortezas de pino de grado medio, poliestireno expandido, arlita en el fondo para el drenaje, unas hebras de sphagnum y un poco de carbón vegetal. 


Cuando trasplantes o dividas orquídeas, utiliza herramientas afiladas para no producir desgarros, limpias y desinfectadas, aprovecha para sanear las raíces en mal estado, retirar las partes secas o dañadas de las hojas o pseudobulbos y pulveriza las raíces y los cortes con un fungicida convencional o canela en polvo. No reutilices el sustrato viejo, añádelo al montón de compost porque estará muy degradado, saturado de sales de los fertilizantes y puede ser fuente de infecciones o contener huevos de gasterópodos o insectos. Coloca la planta con los pseudobulbos más viejos pegados al borde de la maceta para que los nuevos crecimientos tengan espacio para desarrollarse. No apelmaces el sustrato, simplemente que la planta quede firme sin caerse. Si las hojas o los crecimientos son horizontales y la maceta tiende a volcarse, puedes colocar en el fondo una capa de guijarros de río lavados o trozos de piedra de lava u otros materiales que ayuden a que la maceta esté estable. Sitúa las plantas en las nuevas macetas o soportes en un lugar sin luz fuerte, con humedad moderada y deja pasar al menos una semana antes de regarlas. No aportes fertilizantes hasta pasados dos o tres meses.

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